Las traducciones pueden clasificarse según diversos criterios. Por ejemplo, como vimos en nuestro artículo “¿Quién es quién en una agencia de traducción?”, muchas veces a nuestros clientes les piden que tienen que hacer traducir un documento por traductor público. A esa traducción se la conoce como traducción “pública”, pero ¿qué quiere decir esto exactamente?

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¿Qué es una traducción pública?

El concepto de traducción pública varía según el país donde el cliente necesite presentar la traducción, y en algunos países se llaman certificadas. En los Estados Unidos, lo que se denomina certified translation consiste en:

  1. el documento original (o documento fuente)
  2. la traducción, y
  3. una declaración firmada por el traductor o por un representante de la agencia de traducción certificada por escribano público, por medio de la cual el traductor o el representante de la agencia asevera la fidelidad de la traducción respecto del documento original.

Cabe mencionar que, en ese sentido, los traductores o los representantes de las agencias pueden “certificar” la traducción independientemente de su acreditación profesional. No hace falta que el traductor sea un traductor “matriculado” para hacer una traducción “certificada”. Asimismo, el escribano no da fe sobre la fidelidad de los contenidos de la traducción, sino que certifica que la firma que obra en ella pertenece a la persona que tuvo ante sí.

Entonces, ¿qué es un “traductor público”? En Argentina y en varios países, la ley establece que las traducciones que requieran legalización (es decir, las “traducciones públicas”), por ejemplo, por parte del Colegio de Traductores Públicos de la Ciudad de Buenos Aires, deberán estar a cargo de un traductor público. En los Estados Unidos no existe una matriculación o certificación federal o estadual de esta índole para los traductores (aunque sí existen certificaciones para aquellos que trabajan con ciertos pares de idiomas, como la que otorga la American Translators Association, pero no tienen el mismo carácter que las certificaciones que existen en otros países).

A su vez, algunos países (como Canadá y el Reino Unido) realizan una distinción entre “notarized translations” y “certified translations”. En Canadá, el concepto de certified translation es similar al concepto de traducción pública que utilizamos en Argentina, en cuanto a que el traductor al que se le encomienda utiliza un sello oficial y se encuentra acreditado por el colegio profesional correspondiente. Las notarized translations, en cambio, solo contienen una declaración del traductor, cuya firma se encuentra certificada por escribano público. En el Reino Unido, las certified translations están firmadas por el traductor, que no necesita pertenecer a ningún colegio profesional, y en las notarized translations, el escribano simplemente certifica la firma del traductor. Esta distinción no existe en los Estados Unidos.

En la capital de la República Argentina, la actividad del traductor público se encuentra regulada por la Ley 20.305. A su vez, existen varios colegios profesionales que congregan a los traductores públicos. Para matricularse como tal, el aspirante debe haber completado los estudios de la carrera de traductor público, de cinco años de duración. Una vez que haya recibido el título habilitante, podrá matricularse en el colegio profesional correspondiente y registrar su firma para poder firmar y sellar traducciones de carácter público. Hay casos en los que se requiere que la traducción sea pública, por ejemplo la prueba documental para su presentación ante la justicia, o en los procesos de ciudadanía, en los que se requiere la traducción al español de libretas de matrimonio, partidas de nacimiento u otros documentos.

En nuestro país, las traducciones públicas también consisten del documento original y de su respectiva traducción, pero existen diferencias con el caso de los Estados Unidos. Por empezar, las traducciones públicas deben respetar un formato específico, y el sello del traductor debe constar tanto en el documento original como en la traducción, la cual es firmada por el traductor al final. No es necesario que la traducción contenga una declaración respecto de la fidelidad de su contenido. Sin embargo, algunos traductores prefieren agregarla en la “fórmula de cierre” obligatoria. La fórmula, según cada Colegio Profesional, debe especificar el idioma fuente y el idioma meta, así como el lugar y la fecha de realización de la traducción. Al momento de la legalización, el Colegio de Traductores certificará que la traducción cumpla con los requisitos formales y que el traductor que la firmó se encuentre matriculado allí, pero no se expedirá respecto de la fidelidad de los contenidos de la traducción.

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